Entrevista en Borders

Túneles: el proceso de escritura y la inspiración detrás de la historia
Por Roderick Gordon, coautor con Brian Williams (2007)

¿Cómo comenzó su relación?
Brian y yo nos conocimos en 1980 en la Universidad, en Londres, probablemente en el bar del 3º piso del Students Union en la calle Gordon Street, donde un jueves por la noche se llevó a cabo una saturnalia de cócteles a precio rebajado (principalmente con White Russians) y música fuerte. Yo estaba haciendo una tesis en Biología con un grupo de personas con las cuales sentía que no tenía nada en común (incluyendo a Ricky Gervais). La mayoría eran nuevos en Londres y más de alguno se sorprendió por sus brillantes luces. Me frustré mucho con el rumbo que tomaron mis estudios, los que parecían salir a la superficie y que había ocultado antes, e intenté fallidamente cambiarme a la escuela de medicina para convertirme en doctor.

Brian era parte de un grupo colorido y ecléctico que parecían saber como divertirse y con quienes encontré que tenía muchas cosas en común. Recuerdo que la primera vez que hablé con Brian a ambos nos gustaba la misma música, películas, literatura (y mujeres), así que rápidamente nos hicimos buenos amigos.

No tenía idea de qué quería hacer después de salir de la Universidad, así que tomé una serie de trabajos temporales en  la compañía cinematográfica Handmade Films de George Harrison, además de una variedad de escritos cortos de asuntos prosaicos. Finalmente terminé en Londres rodeado de financias corporativas de equidad privada mientras Brian permanecía dedicado a su arte: pintar y dibujar, con frecuentes exhibiciones donde podíamos encontrarlo. Él a menudo bromeaba con que “le había vendido mi alma al demonio”, pero me daba cuenta que lo decía en serio.

Durante un periodo de veinte años, desde 1983 a 2003, cuando tratamos de permanecer juntos, descubrimos que todavía teníamos una habilidad para crear un número increíble de ideas para historias cortas, películas y obras. Siempre dijimos que algún día escribiríamos alguna comedia juntos, particularmente Brian tenía y todavía tiene contactos en el área. El dejó de pintar para comenzar a hacer trabajo cinematográfico experimental y de instalaciones, y esto también lo llevó a él a trabajar en filmes (Alex Cox) y en la televisión (con Charlie Higson en Randall and Hopkirk).

En el año 2001 me estaba volviendo superfluo, y encontré que ambos estábamos increíblemente irritados y completamente descorazonados al mismo tiempo. Como ya no tenía que pasarme la vida en la oficina, Brian y yo fuimos capaces de ver mucho más de nosotros. En 2003 escribimos juntos un guión televisivo y el proceso fue tan sencillo y gratificante que decidimos embarcarnos en un segundo proyecto, a pesar de que no habíamos tomado la decisión de qué iba a ser.

Mi esposa, Sophie, había escuchado en la Radio 4 un programa literario en el cual fueron expuestos los gustos de Philip Pullman y GP Taylor, y una noche nos sugirió que escribiéramos un libro para niños. Brian y yo debatimos esa sugerencia esa misma noche más tarde en mi estudio, pero ninguno de nosotros lo tomó como algo realmente serio. Sin embargo, después de describir mi concepto de un adolescente con una obsesión con la arqueología quien podría llevar a cabo enormes excavaciones bajo tierra, Brian comenzó a relatar todo lo que él sabía acerca de Edge Hill Mole.

En el siglo XVIII, cerca de donde Brian nació, en el distrito Edge Hill de Liverpool, un exitoso comerciante local llamado Joseph Williamson tuvo a sus trabajadores cavando magníficos caprichos subterráneos, (ver www.williamsontunnels.com/story.htm). Debido a que los soldados regresaron a casa al final de la Guerra Napoleónica, él empleó una cantidad impresionante de ellos en lo que podría considerarse una actividad filantrópica para erradicar el desempleo generalizado de esos tiempos. La excavación continuó rápidamente, y los túneles eran lo suficientemente grandes como para que pasara un carruaje tirado por caballos, e incluso había evidencia de un salón de banquetes que el Rey George IV supuestamente había visitado, a pesar de que muchas de las conexiones todavía estaban siendo re-excavadas. (Cuando investigamos posteriormente a Joseph Williamson, también encontramos referencias de que habría sido influenciado por una misteriosa secta religiosa, lo que dio paso a la creación de los styx en nuestros libros.)

Pero volviendo a aquella noche en mi estudio, Brian mencionó el incidente en el que unos trabajadores encontraron un pasaje secreto con adoquines y todo mientras hacían excavaciones en una calle. Inmediatamente combinamos la idea de Will Burrows con el pasaje secreto y esto se convirtió en la imagen inicial de nuestra historia. Desde ese instante, el bosquejo de Túneles tomó forma rápidamente, convirtiéndose en nuestro único foco durante varios años.

¿Cómo trabajamos en el libro?
Hicimos una estructura de que pasaría en toda la saga de Will Burrows, la que se expandió de tal manera que nos dimos cuenta que necesitaríamos 4 ó 5 libros para contarla. Entonces nos enfocamos y concentramos todos nuestros esfuerzos en el primer libro, discutiendo cada capítulo para terminarlo. Cuando ambos estábamos contentos con las ideas para el capítulo yo podía hacer un primer bosquejo en el computador y Brian se lo llevaría y corregiría.

Tuvimos muchas y diversas maneras de trabajar. Yo necesitaba tener el texto en una pantalla, con la facilidad para cambiarlo rápidamente, experimentar y decidirme. Brian solo trabajaba con una copia, revisando los bosquejos en el papel y reescribiendo una sección completa a mano. Este proceso significó que el texto era una mezcla de formatos, desde el computador a manuscritos y de nuevo al computador, las veces que fuera necesario hasta que ambos sintiéramos que estaba bien. Ambos creemos que esta manera de trabajar significó, primero, que cualquier autocomplacencia o indulgencia fuera rápidamente descartada, y segundo, que uno tenía la ventaja de examinar y reexaminar el proceso desde muchos ángulos distintos y pulirlo para que realmente llegara al lector.

Naturalmente, el proceso de trabajar juntos significó que ambos teníamos que estar felices con el resultado final y por supuesto que teníamos que estar comprometidos a largo plazo. Creíamos firmemente en lo que William Burroughs nombró como “la tercera mente”, casi como si fuese la suma de dos mentes que pueden crear un trabajo producto de la separación de la consciencia. A menudo bromeábamos cuando teníamos que ver los libros y ninguno de los dos podía recordar exactamente quién escribió qué.

La imagen imperecedera que ambos tenemos del caluroso verano de 2004 es Brian afuera, sentado en una mesa en el jardín con un sombrero panamá para protegerse del sol mientras anotaba ideas, y yo dentro frente a mi computador en mi pequeño y oscuro estudio. Irónicamente, a veces las escenas más simples de la historia eran las más problemáticas, y podía tomarnos días estar de acuerdo en la versión final.

Comentábamos los diálogos entre nosotros, Brian leía la parte de un personaje y yo la de otro, y nos asegurábamos de que fuera tan natural y eficiente como fuese posible.

También luchamos para que cada escena fuese tan visual como pudiese, al punto de que un director fílmico pudiese tomar una página del libro e imaginarse todo exactamente como nosotros lo veíamos. Como parte del proceso de escritura, la aparición de diferentes personajes y diversos medios ambientales fue organizada por Brian, así que ambos teníamos más que una simple imagen mental de cómo lucirían. Un gran número de esas imágenes fueron incluidas en la publicación de nuestra edición personal.

Influencias ancestrales

Mi tátara-tátara abuelo William Buckland (1784-1856) es reconocido como uno de los padres de la geología, y en 1824 le dio nombre al primer dinosaurio, el megalosaurio, incluso la misma palabra dinosaurio no había sido inventada aun. William Buckland también acuñó el nombre Coprolita, el cual es usado en los libros de Will Burrows.

William y su hijo, Frank Buckland, son desafortunadamente también recordados por sus bizarras travesuras culnarias. Tenían la reputación por tratar determinadamente de comer todo el reino animal, desde tostadas con mantequilla y ratas, muestras de restos de elefantes recuperados de un desastroso incendio en el Elephant House en el Zoológico de Londres y sopa hecha de guiso de moscardones. No sé si es una historia real o no, pero supuestamente William Buckland se tragó el corazón embalsamado del Rey Louis XIV con las palabras “He comido cosas extrañas en mi vida, pero nunca el corazón de un rey”.

William Buckland, quien se convirtió en Decano de Westminster, trató de dar rumbo a su vida para reconciliarse sus observaciones científicas con sus creencias religiosas. El año pasado, después de que la 150º Jornada de Aniversario de William Buckland, Jim Kennedy, el encargado del Museo Natural de Historia de la Universidad de Oxford, me pidió que dejara flores en su tumba.

La hija de William Buckland, Elizabeth Oake Gordon, escribió un libro llamado Londres prehistórico – sus montes y círculos (Prehistoric London—Its Mounds and Circles), el cual también fue una gran fuente de inspiración. Otros miembros de mi árbol genealógico incluyen a RD Blackmore (1825-1900), a pesar de que debo admitir que nunca salió bien todo eso de Lorna Doone, Matthew Arnold (1822-1888), y menos conocido, el teólogo Philip Doddridge (1702-1751).

Traducción de MundoTúneles [Daniela] vía Borders

Publicado por Sirius Holmes